
Ley de Libertad Religiosa. ¿Y ahora qué?
El Sr. Rodríguez Zapatero ha decidido archivar la reforma de la Ley de Libertad Religiosa; está en su derecho, es el Presidente. Argumenta lo esencial (?): solo proyectos y trabajo sobre asuntos económicos. La crisis manda, la superación de ésta es el objetivo irrenunciable y, por las intenciones, excluyente; tardó mucho en aceptarla y ahora se obsesiona con alcanzar lo que estúpidamente se denomina como “la senda del equilibrio y de la estabilidad económica”.
Cuestiono lo esencial porque entiendo que el razonamiento es falaz ya que las medidas adoptadas para la posible solución siempre son las mismas y, lo más grave, presentadas como únicas válidas. El carácter cíclico de los desequilibrios económicos patentiza el fracaso de las acciones puestas en marcha, a saber: desregulación de las condiciones laborales, contención y reducción de salarios, rebajas fiscales a las grandes fortunas y patrimonios, recortes a las partidas de protección social, incentivos empresariales y lo más escandaloso e insultante la resignación activa consintiendo un elevado fraude fiscal. Pero el argumento es, a su vez, tautológico porque por mucho que se repita, y se repite, no se acaba con la crisis, hay que cambiar el modelo. Las llamadas a la “confianza” y la palabrería machacona del “nosotros podemos” responden a lo que el filósofo Gustavo Bueno describe en su libro “Zapatero y el pensamiento Alicia”: un presidente en el país de las maravillas. Pensamientos políticos, pensamientos Alicia, que pueden transformarse en falsos, hipócritas y de mala fe.
Desde ahora, nuestro primer ministro supedita toda la acción del Gobierno que preside a la tarea económica en su ámbito técnico-economicista dejando de lado, voluntariamente, el ámbito social y los programas de derechos civiles, poco desarrollados en España y de los que hizo bandera en su primera legislatura; en este caso queda aparcada la Ley de Libertad Religiosa. Es una argucia política con una lectura evidente, rompe lazos con los partidos de la izquierda y prepara el terreno para la negociación presupuestaria próxima que será obligatoriamente con los partidos nacionalistas conservadores de ideario católico y bases cristianas.
Por lo que se conocía del texto de la Ley, que ahora se archiva, no culminaba las aspiraciones de aquellos que desearíamos un Estado laico pues asuntos como el marco legal que garantiza el mantenimiento de los privilegios de la jerarquía católica apenas sufre modificación y se iban a respetar los actuales acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede que se fundamentan en el Concordato de 1953. Estamos ante un texto timorato y nada convulso y que el Presidente retira del debate político como gesto para ganar una batalla económica en la que nadie cree.
La Constitución española tiene más de 30 años y su artículo 16 aún es engañoso. Mantiene como preferente a la Iglesia Católica y esto permite que los dirigentes de ésta interfieran de manera descarada en la vida pública confundiendo de forma torticera el apostolado, ganar almas para la
salvación, con ganar la partida por el poder terrenal y el privilegio. Es Benedicto XVI quien dice “el mundo sin Dios se convierte en un infierno” actualizando la historia de la Iglesia que durante siglos ha convertido el mundo con Dios en un infierno a fuerza del poder terrenal siempre conquistado y nunca cedido.
El Sr. Rodríguez Zapatero no se atreve a dar el paso y se identifica por sus hechos no por sus palabras. Cerramos el círculo y descubrimos su cuadratura, un dirigente político socialdemócrata, así se define el Presidente, poniendo sobre la mesa y desarrollando un extenso programa de política económica neoliberal. El presidente Zapatero también se define como laico y agnóstico, seguramente será en la intimidad mística de la Moncloa, porque también el ex presidente Aznar hablaba catalán en la misma intimidad.
Juan Carmona
Septiembre 2010
Opinió
Publicat a L´Expressió, setembre 2010, p. 18.